Está Claro que en el problema de las drogas y las adicciones, los padres passamooos bastante, es decir si nos tuvieran que dar una nota, como la que le exigimos nosotros a nuestros hijos, llevaríamos un suspenso.
En la sociedad actual en lo que prima es el consumo, los padres dejamos de hacernos cargo de nuestras funciones como tendría que ser y se las intentamos endosar a lo que primero nos aparezca, quién no elude que la educación de nuestros hijos es una labor de la escuela, de la administración, de los abuelos, de la televisión, de los videojuegos…
Está claro hoy en día en que nos repiten hasta la saciedad que tenemos que estar formándonos continuamente para que el mercado de trabajo nos acoja o reciclándonos a los que ya estamos en el. Donde se dan certificados, diplomas, títulos, etc. para que seamos más competitivos en nuestros puestos de trabajo y realicemos correctamente nuestra función, yo me pregunto: y para ser padre no es necesario tener un título o tener formación para educar a nuestros hijos. Por desgracia adquirimos conceptos para todo menos para esta gran labor que es la de ser padre.
Viene esta reflexión a que la percepción errónea que los jóvenes tienen de las drogas de otras adicciones y valores, está haciendo agua en los núcleos familiares, a los padres cada día les cuesta más educar a sus hijos y hacerles entender cuales son las actitudes positivas, para llevar una vida más saludable y socialmente más beneficiosa.
La sociedad es un reflejo de lo que nosotros queremos que sea, es cuestión de aprovechar todos los recursos que administraciones, ONGs, etc. ponen a nuestra disposición para poder contactar y comunicarnos con nuestros hijos.
Siempre estamos con la misma cantinela, quién puede con estos hijos, hacen lo que quieren, la culpa es de los educadores… Y nosotros los padres que estamos haciendo para que la sociedad sea mejor y sea para nuestros hijos un espacio de ampliación de la educación, que con sacrificio le damos en nuestros hogares, a lo mejor no son ellos los que pasan, sino nosotros
domingo, 13 de febreiro de 2011
LOS PADRES PASAMOS…
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padres,
xose maria aran rodriguez
sábado, 12 de febreiro de 2011
LA GENERACION "NI-NI"
La generación "Ni-Ni" es aquella formada por un colectivo joven (aunque siempre pueden existir excepciones) que no quieren ni estudiar ni trabajar y que cada vez va más en aumento. Más de 700.000 jóvenes españoles "ni estudian ni trabajan", jóvenes menores de 34 años que, en teoría, viven de sus padres. Según reveló la Encuesta de Población Activa (EPA), España contaba la mediados de 2009 con 712.735 "ni-ni", el 6% de la población menor de 34 años. Otro porcentaje mayoritario que también engloba el término es el de personas jóvenes que, por la abundancia en la que nacieron y les permitieron vivir, no tuvieron interés ni por estudiar ni trabajar porque les consintieron todo.
Aquella frase manida que se utilizaba para ligar de "estudias o trabajas", cayó en desuso para muchos de los chicos y chicas, porque muchos de ellos y ellas ni estudian, ni trabajan; es más, no tienen ninguna intención de hacerlo, por lo menos de momento; son lo que los sociólogos denominan, "La generación ni-ni".
El 15% de los chicos y chicas españoles entre 16 y 24 años ni-estudia y este porcentaje se encuentra en proceso de crecimiento.
Con todo, al contrario de lo que puedan pensar muchos, esta inactividad les produce a esos adolescentes un sentimiento de angustia de calado, hasta psicólogos afirman que últimamente las consultas de los chicos se deben a casos de angustia difusa; la angustia, aclaran los especialistas, se da ante situaciones de incertidumbre; para estos estudiar no sirve de mucho porque después cuesta mucho conseguir trabajar. Es que la realidad de los adultos los abruma. En definitiva, estos jóvenes tienen una constante sensación de "sin sentido".
Por su parte, los sociólogos hacen una comparación con generaciones pasadas, que si no estudiaban se ponían a trabajar; hoy, las jóvenes generaciones no hacen ninguna de las dos, por lo que su futuro no tiene buen pronóstico.
Estos son algunos de los términos que, en sentido demográfico, vienen aplicando a las últimas generaciones de jóvenes y chicas. "Generación X" se usa normalmente para referirse a los nacidos en la década de los 70, cuya adolescencia transcurrió en los años 80 y principios de los 90, tras los "baby boom".
También es conocida como la "Generación Perdida", debido a su apatía por la falta de expectativas. Tener relaciones sexuales antes del matrimonio, no respetar a sus padres o priorizar la amistad antes que la familia, son algunas de sus conductas sociales más características.
Y tras la "X" llegó la "Generación Y", los nacidos entre 1982 y 1992, en una década marcada por el inicio de la revolución tecnológica y el crecimiento económico al tiempo que se producían los últimos coletazos de la Guerra Fría. Acostumbrados a uno alto nivel de vida y dispuestos a asumir retos, esta generación protagonizó el auge de la conciencia social y la creación de familias no tradicionales, entre otros aspectos.
Ambos términos son aplicados a nivel internacional para describir a toda una generación de jóvenes y chicas nacidos en el mundo occidental y desarrollado. Con todo los "ni-ni" engloban los inactivos (qué ni trabajan ni buscan trabajo), parados sin empleo anterior, que no cursan estudios regulados ni cursan estudios no regulados (títulos no oficiales), que estos 700.000 jóvenes viven casi exclusivamente del dinero de sus padres y el número aumenta.
Por supuesto, la culpa del crecimiento la tiene la sociedad en la que vivimos hasta hace poco, además de círculos familiares que les permitieron todo sin exigirles ni educarles que las cosas no funcionan así.
No olvidemos que las personas jóvenes deben ver en sus casas unos valores a seguir que, en muchos casos, son inexistentes porque sus padres bastante tienen con trabajar y llevar dinero a casa.
A las jóvenes generaciones se les debe dedicar tiempo y acostumbrarles a conseguir las cosas con esfuerzo y no darles todo porque sí.
Como decía anteriormente, los sociólogos hacen una comparación con generaciones pasadas, que si no estudiaban se ponían a trabajar; hoy, las jóvenes generaciones no hacen ninguna de las dos, por lo que su futuro no tiene bueno pronóstico, ya que la crisi económica, la cual causa que el ámbito familiar de estos chicos vea afectado su nivel de vida, llegando a niveles de precariedad e infraempleo acentúa más el problema. Por lo general, la generación "ni-ni" se da en clases medias a bajas; y si ellos no reciben una ayuda de la sociedad, su vida será un barco a la deriva, lo cual "cualquier" puerto les quedará bien.
Bibliografía: Manuel Llamas,Juan Martínez de Salinas, "Wikipedia", Daniela Ceccato
Aquella frase manida que se utilizaba para ligar de "estudias o trabajas", cayó en desuso para muchos de los chicos y chicas, porque muchos de ellos y ellas ni estudian, ni trabajan; es más, no tienen ninguna intención de hacerlo, por lo menos de momento; son lo que los sociólogos denominan, "La generación ni-ni".
El 15% de los chicos y chicas españoles entre 16 y 24 años ni-estudia y este porcentaje se encuentra en proceso de crecimiento.
Con todo, al contrario de lo que puedan pensar muchos, esta inactividad les produce a esos adolescentes un sentimiento de angustia de calado, hasta psicólogos afirman que últimamente las consultas de los chicos se deben a casos de angustia difusa; la angustia, aclaran los especialistas, se da ante situaciones de incertidumbre; para estos estudiar no sirve de mucho porque después cuesta mucho conseguir trabajar. Es que la realidad de los adultos los abruma. En definitiva, estos jóvenes tienen una constante sensación de "sin sentido".
Por su parte, los sociólogos hacen una comparación con generaciones pasadas, que si no estudiaban se ponían a trabajar; hoy, las jóvenes generaciones no hacen ninguna de las dos, por lo que su futuro no tiene buen pronóstico.
Estos son algunos de los términos que, en sentido demográfico, vienen aplicando a las últimas generaciones de jóvenes y chicas. "Generación X" se usa normalmente para referirse a los nacidos en la década de los 70, cuya adolescencia transcurrió en los años 80 y principios de los 90, tras los "baby boom".
También es conocida como la "Generación Perdida", debido a su apatía por la falta de expectativas. Tener relaciones sexuales antes del matrimonio, no respetar a sus padres o priorizar la amistad antes que la familia, son algunas de sus conductas sociales más características.
Y tras la "X" llegó la "Generación Y", los nacidos entre 1982 y 1992, en una década marcada por el inicio de la revolución tecnológica y el crecimiento económico al tiempo que se producían los últimos coletazos de la Guerra Fría. Acostumbrados a uno alto nivel de vida y dispuestos a asumir retos, esta generación protagonizó el auge de la conciencia social y la creación de familias no tradicionales, entre otros aspectos.
Ambos términos son aplicados a nivel internacional para describir a toda una generación de jóvenes y chicas nacidos en el mundo occidental y desarrollado. Con todo los "ni-ni" engloban los inactivos (qué ni trabajan ni buscan trabajo), parados sin empleo anterior, que no cursan estudios regulados ni cursan estudios no regulados (títulos no oficiales), que estos 700.000 jóvenes viven casi exclusivamente del dinero de sus padres y el número aumenta.
Por supuesto, la culpa del crecimiento la tiene la sociedad en la que vivimos hasta hace poco, además de círculos familiares que les permitieron todo sin exigirles ni educarles que las cosas no funcionan así. No olvidemos que las personas jóvenes deben ver en sus casas unos valores a seguir que, en muchos casos, son inexistentes porque sus padres bastante tienen con trabajar y llevar dinero a casa.
A las jóvenes generaciones se les debe dedicar tiempo y acostumbrarles a conseguir las cosas con esfuerzo y no darles todo porque sí.
Como decía anteriormente, los sociólogos hacen una comparación con generaciones pasadas, que si no estudiaban se ponían a trabajar; hoy, las jóvenes generaciones no hacen ninguna de las dos, por lo que su futuro no tiene bueno pronóstico, ya que la crisi económica, la cual causa que el ámbito familiar de estos chicos vea afectado su nivel de vida, llegando a niveles de precariedad e infraempleo acentúa más el problema. Por lo general, la generación "ni-ni" se da en clases medias a bajas; y si ellos no reciben una ayuda de la sociedad, su vida será un barco a la deriva, lo cual "cualquier" puerto les quedará bien.
Bibliografía: Manuel Llamas,Juan Martínez de Salinas, "Wikipedia", Daniela Ceccato
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xoves, 10 de febreiro de 2011
XENTE DE AQUI DE ALA E DE ACOLA, D. JOSE LUIS POSE BLANCO
Programa de entrevistas, en clave personal, que emitirá BERTV -Canal 31.
Dirigido y presentado por Xosé Mª Arán Rodriguez. Se emitirá el viernes 11-02-2011 a las 21´00 horas y se repone el sábado y lunes a las 12´00h. y a las 16´30h.
D. JOSE LUIS POSE BLANCO
Emisión: 11-02-2011
Hay una tercera faceta que, sin embargo, marcó profundamente su personalidad y le dio fama y dinero, pero que queda muy atrás (se retiró con 28 años) y por eso puede que permanezca ajeno a numerosos vecinos, sobre todo los más jóvenes: el fútbol.
Fue la suya una carrera futbolística relativamente corta (podía haber aguantado cinco o seis años más), pero meteórica. Muy probablemente, la mejor de un carballés en toda la historia. Cuentan quienes le conocieron que tocaba con elegancia. Siempre del medio campo hacia arriba, con dos etapas. Una primera a lo Joaquín, y otra más o menos comparable a Xavi, repartiendo, distribuyendo desde el centro, creando juego.
Empezó en el Bergantiños, y pasó por el Compostela, Pontevedra, Algeciras, Deportivo, Ceuta y Murcia, donde acabó, al tener que volver a Carballo tras la muerte de su padre.
Primera y Segunda
Jugó en Primera y en Segunda. En la División de Plata, 150 partidos. En el Murcia era una estrella. Vinieron a buscarle a Carballo, tenía ofertas de otros equipos... Aunque a él le hubiese gustado seguir en el Deportivo, pero el presidente de entonces, tras volver de la mili, le hizo una jugarreta, amparándose en su poder omnímodo y en las cesiones. No le guarda buen recuerdo. «Creo que en el Deportivo pude haber sido más de lo que fui». Pero así son las cosas. Esa época ya queda lejana, de la que aún le quedan grandes amigos en varios lugares de España, o el recuerdo imborrable de haber jugado con leyendas del balompié español.
Compara sus años de fútbol con los de hoy y ve un mundo, un abismo, entre ambos. Si le llegan a tocar los tiempos actuales, se forraría. Dejó el fútbol, pero siguió vinculado al deporte más o menos. Y más y menos. En los setenta, por ejemplo, fue entrenador del Bergantiños. No llegó a los cuatro meses. Tomaba medidas que pocos entendían, como emplear ya la táctica de 4-4-2 o distribuir los dorsales como ya hacía en el instituto en los campeonatos escolares: cada uno, el que quisiese. Alguno no asimilaba que un delantero pudiese vestir el 3 y un defensa, el 10. Hoy, eso, ni se discute, pero entonces, sí. Hubo discrepancias, y se fue.
Concejal
Fue también concejal de Deportes en la primera corporación democrática, con Sánchez Vilas. Poco tiempo, seis o siete meses. El abandono lo propició la decisión de construir el polideportivo de A Grela, algo a lo que Pose se oponía. Pues a casa. Cree que el tiempo le ha dado la razón. Las ideas claras y por delante, y a asumir las consecuencias sin problemas. «Yo siempre fui a contracorriente, tal vez porque siempre me ha gustado hacer las cosas bien», asegura.
Una buena etapa de su vida fue, ya se ha dicho, la del instituto. Dar clase tantos años, marca. Hacía más. Introdujo el futbol-indoor, con partidillos en el gimnasio, apoyándose en la pared, para que los chavales ganasen técnica. Fundó los equipos de balonmano y baloncesto que fueron la base de lo que hoy es el Xiria. Organizó un partido de baloncesto internacional en Carballo entre las selecciones de España e Inglaterra, con la gradas a reventar. Ganó España, por cierto. De la etapa docente, distingue: «Hay una gran diferencia entre el alumnado de los años setenta con los de los noventa. En educación, en valores, en respeto». Ganan los primeros. Cree que se ha perdido mucho, y considera que la causa principal está en la familia, «que es la base», y falla.
Existen algunas otras cuestiones deportivas que le tocan directamente, pero por inacción. No entiende, por ejemplo, que en los últimos 25 años, ningún presidente del Bergantiños se haya puesto en contacto con él para aprovechar su experiencia y conocimientos y ponerlos a disposición del fútbol base, por ejemplo. Para entrenar y preparar a las categorías de base. Y tampoco entiende muy bien que, con motivo de los actos del 75 aniversario del club (él, que ha jugado en dos centenarios, como el Dépor o el Murcia) tampoco le hayan invitado ni hayan contado con él. Lo cuenta sin rencor, pero con total sinceridad.
Queda aún su faceta de restaurador, que no es pequeña, habiendo nacido donde nació. Y eso que la que mejor se maneja en la cocina es su mujer, Amparo Velo. Su restaurante Chochi fue una revolución en su momento. Otra vez, un adelanto a su tiempo. Guarda un buen recuerdo de él, entre otras cosas, porque tampoco hace tanto que cerró (por motivos familiares).
Ahora dedica su tiempo a disfrutar de la jubilación. A ver Carballo con ojos pausados, lamentando a veces que quienes tuvieron la oportunidad, hace ya mucho años, no hicieran más por el desarrollo de Carballo, sobre todo en diseño urbanístico. Cree que, al menos, con los gobernantes actuales, especialmente el alcalde, las cosas van algo mejor.
Casado y con dos hijos, amantes del deporte, practicó el fútbol sala hasta los 55 años. También jugó al tenis, montó en bicicleta y otros deportes, pero ahora le va más algo más tranquilo como el golf. «La edad te va marcando. Y el golf es maravilloso. Es sano, no provoca lesiones, y tiene detractores, pero eso porque no lo conocen». Niega que sea elitista, «tal vez lo fuese hace treinta años, pero ya no». Al contrario, cree que es «accesible para todo el mundo». Lleva jugando unos ocho o nueve años. Es socio del club de Larín, en Arteixo, al lado de Paiosaco, adonde va dos o tres días por semana.
s.garrido(LVG)
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COMER EN FAMILIA
El momento familiar de encuentro puede variar segundo las costumbres, cultura y situación económica. En nuestro país, a veces, es en el momento en salidas madre-hija haciendo compras, en ocasiones padres y hijos en aficiones comunes. Pero el más valorado es el de la mesa familiar, en el momento de la comida, desayuno o cena, a diario, o fines de semana, en esos momentos es importante el diálogo para conocerse y establecer el vínculo familar
En muchos hogares el acelerado ritmo de vida de la sociedad actual convirtió en casi una utopía las comidas en familia. Conciliar la vida laboral con la familiar no es una tarea fácil y las prisas, la distribución de la jornada de trabajo o la incompatibilidad de horarios hacen que sea complicado, cuando no imposible, sentar a todos sus miembros alrededor de una mesa. A pesar de que hábitos tan enraizados en nuestra sociedad como la sobremesa parecen estar ahora en declive, diversos estudios indican que comer en familia favorece la comunicación, contribuye a desarrollar la confianza entre sus miembros y fomenta la armonía en el hogar, a potenciar la resolución de conflictos mediante el diálogo. Pero sus beneficios van más allá, ya que ayuda a promover una dieta sana en los más pequeños y a prevenir desórdenes alimentarios en los chicos, en un primero momento es posible que los adolescentes muestren reticencias a la hora de iniciar esta experiencia, pero la hora de la comida se puede aprovechar para volver a conectar con ellos e intercambiar consejos y opiniones.
La cultura contemporánea modificó de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo que debilitó la referencia simbólica de la mesa, esta quedó reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, dejó de ser el punto de convergencia permanente de la familia, la mesa familiar fue sustituida lamentablemente por la comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no a comensal. A medida que en las viviendas modernas la cocina se fué reduciendo a un cuarto accesorio, fué perdiendo su calidad de centro de la casa hasta terminar por ser algo simplemente ornamentístico o simbólico y lleno de electrodomésticos.
El beneficio de la mesa radica en conocerse, saber lo que cada uno piensa, hablar de alegrías y tristezas, enriquecerse con las diferentes opiniones, aprender de las cosas buenas que le pasa al otro y superar las frustraciones, a enfrentar el mundo, conocer los riesgos, hacer proyectos de futuro. Promueven estos encuentros el desarrollo de la autoestima del adolescente, su autonomía y su aprendizaje, en general, las interacciones entre lo adolescente y su familia llevan muchos beneficios psicológicos y sociales para él, los jóvenes que se relacionan satisfactoriamente y de forma frecuente con su familia son menos propensos a tener sus más y sus menos de drogas, trastornos depresivos o desórdenes alimentarios. La familia es fuente de afecto, sostiene y sentimiento de pretenza, su función primordial es actuarre cómo modelo identificatorio positivo, a través de escóita y diálogo y planeando actividades acordes con dichos fines.
Debemos promover estilos de vida, tenemos que recordar que es más sencillo promover la adquisición de hábitos alimentarios y estilos de vida saludables durante la etapa infantil que modificar en la adolescencia y la edad adulta los hábitos incorrectos ya adquiridos, para los padres supone, además de un buen momento para inculcar buenas conductas y hábitos en los más pequeños, una excelente oportunidad para establecer el intercambio de opiniones e ideas con ellos, ya que comer en familia sirve para establecer las bases de un excelente foro de debate, además es el escenario ideal para intercambiar experiencias personales y conocer mejor al resto de los miembros de la unidad familiar. La mejor manera de establecer una buena comunicación es evitar cualquier fuente de conflicto durante la comida, hablar de temas apropiados y emplear siempre un tono positivo y optimista. De este modo, los hijos valorarán gratamente el poder sentar a comer todos juntos; para impulsar cambios positivos en la mesa, involucrar a los más pequeños en la selección de los alimentos que se sirven en las comidas y hasta búsqueda que ayuden en las compras y en la preparación de los alimentos, en este sentido, resulta positivo asignarle en la cocina pequeñas tareas adecuadas para su edad, como poner la mesa o hasta servir alguna de las comidas. También para los adolescentes es importante que inviten a sus amigos a comer, aparte de conocelos, podemos sacar conclusiones de su pensar y que ideas tienen, en definitiva saber con quien andan nuestros hijos y la vez reafirmar el sentirse importante el adolescente por este gesto de los padres.
Los niños, por su parte, imitan las actitudes y comportamientos que observan diariamente en los adultos, por este motivo, darles ejemplo es la mejor manera de estimularles a comer de una manera sana y equilibrado. Esto implica sentar a la mesa de acuerdo a un horario regular, guardar las formas, alentar el consumo de alimentos saludables y, sobre todo, mantener una actitud positiva en el referente a la comida. Estar siempre a dieta o disconformes con el cuerpo puede llevar, a largo plazo, a inculcar en los niños sentimientos negativos respeto de la alimentación. Trata siempre de enviar los más pequeños mensajes positivos sobre la comida y como llevar una correcta alimentación.
Queda claro que hacer un esfuerzo especial para conseguir unos horarios adecuados en los que poder reunirse con la familia alrededor de una mesa merece la pena. La alimentación a lo largo de la infancia y durante la adolescencia juega un papel importante en la promoción de la salud. Pero para que los beneficios de esta práctica sean plenos todos los miembros de la familia deben involucrarse en estas reuniones gastronómicas de igual manera, la responsabilidad debe ser compartida y no es conveniente que se establezcan diferencias de comportamiento y trato entre los miembros. Para que se produzca un pleno desarrollo de la confianza entre padres, hijos y hermanos todos deben sentirse iguales en la mesa sin excusas, ni distracciones. Cuando sea imposible conciliar a vida laboral con las comidas regulares en la casa o los más pequeños almuercen en el colegio, resulta imprescindible sacar tiempo para, por lo menos, desayunar o cenar junto a los niños, si el ritmo de vida no permite reservar por lo menos una comida diaria para reunirse con la familia, es primordial prestar especial atención a los desayunos, comidas y cenas durante los fines de semana.
Debemos procurar que nada interfiera en las conversaciones de los miembros de la familia, si los más pequeños se acostumbran a comer en compañía de la televisión, el ordenador u otros aparatos? perderemos una gran oportunidad de promover la interacción familiar a la hora de comer, es necesario, por lo tanto, no abusar de su uso. Por otro lado, los niños que comen frente al televisor lo hacen sin ser realmente conscientes de cuanto están comiendo y, segundo señalan diversos estudios, es más fácil que tiendan a ganar más peso del adecuado.
Pero en la mesa no sólo surgen coincidencias, muchas veces puede ser lugar de diferencias generacionales, discusiones familiares o de pareja, esto debe ser tomado también como algo positivo, la mesa no tiene por que ser siempre un espacio de placer, las discusiones forman parte de la vida cotidiana y eso también es una forma de enseñar a los hijos, las discusiones con respeto y sin violencia, pueden sumar, también se sabe que cuando la familia tiene diálogo, este es un buen sosten para la salud del niño o adolescente se conserva mejor. El diálogo es fundamental, as veces el diálogo es difícil por la confrontación propia de este momento de la vida en que los jóvenes ya no sienten que sus padres son las personas idealizadas de la infancia, prefieren estar solos o con sus amigos y buscan jóvenes referentes entre los adultos, es frecuente que traten de imitar a un deportista o a un cantante o a otra figura con la que se identifican y también que un día piensen una cosa y otro día otra, no les suele gustar oír consejos ni que constantemente le pregunten que hace, que piensa, que siente, necesitan de momentos de intimidad.
Debe reconocerse entonces que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. También es importante tener en cuenta que hay familias con sus más y sus menos que llevan a que el encuentro sea dificultoso, algunos padres que piensan que los hijos deben escucharlos pero no dan valor a la opinión del adolescente y también hay padres devaluados por no poder ejercer el rol de proveedores.
En definitiva recuperemos la mesa como un espacio para potenciar la famila, buen probecho.
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En muchos hogares el acelerado ritmo de vida de la sociedad actual convirtió en casi una utopía las comidas en familia. Conciliar la vida laboral con la familiar no es una tarea fácil y las prisas, la distribución de la jornada de trabajo o la incompatibilidad de horarios hacen que sea complicado, cuando no imposible, sentar a todos sus miembros alrededor de una mesa. A pesar de que hábitos tan enraizados en nuestra sociedad como la sobremesa parecen estar ahora en declive, diversos estudios indican que comer en familia favorece la comunicación, contribuye a desarrollar la confianza entre sus miembros y fomenta la armonía en el hogar, a potenciar la resolución de conflictos mediante el diálogo. Pero sus beneficios van más allá, ya que ayuda a promover una dieta sana en los más pequeños y a prevenir desórdenes alimentarios en los chicos, en un primero momento es posible que los adolescentes muestren reticencias a la hora de iniciar esta experiencia, pero la hora de la comida se puede aprovechar para volver a conectar con ellos e intercambiar consejos y opiniones.
La cultura contemporánea modificó de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo que debilitó la referencia simbólica de la mesa, esta quedó reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, dejó de ser el punto de convergencia permanente de la familia, la mesa familiar fue sustituida lamentablemente por la comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no a comensal. A medida que en las viviendas modernas la cocina se fué reduciendo a un cuarto accesorio, fué perdiendo su calidad de centro de la casa hasta terminar por ser algo simplemente ornamentístico o simbólico y lleno de electrodomésticos.
El beneficio de la mesa radica en conocerse, saber lo que cada uno piensa, hablar de alegrías y tristezas, enriquecerse con las diferentes opiniones, aprender de las cosas buenas que le pasa al otro y superar las frustraciones, a enfrentar el mundo, conocer los riesgos, hacer proyectos de futuro. Promueven estos encuentros el desarrollo de la autoestima del adolescente, su autonomía y su aprendizaje, en general, las interacciones entre lo adolescente y su familia llevan muchos beneficios psicológicos y sociales para él, los jóvenes que se relacionan satisfactoriamente y de forma frecuente con su familia son menos propensos a tener sus más y sus menos de drogas, trastornos depresivos o desórdenes alimentarios. La familia es fuente de afecto, sostiene y sentimiento de pretenza, su función primordial es actuarre cómo modelo identificatorio positivo, a través de escóita y diálogo y planeando actividades acordes con dichos fines.
Debemos promover estilos de vida, tenemos que recordar que es más sencillo promover la adquisición de hábitos alimentarios y estilos de vida saludables durante la etapa infantil que modificar en la adolescencia y la edad adulta los hábitos incorrectos ya adquiridos, para los padres supone, además de un buen momento para inculcar buenas conductas y hábitos en los más pequeños, una excelente oportunidad para establecer el intercambio de opiniones e ideas con ellos, ya que comer en familia sirve para establecer las bases de un excelente foro de debate, además es el escenario ideal para intercambiar experiencias personales y conocer mejor al resto de los miembros de la unidad familiar. La mejor manera de establecer una buena comunicación es evitar cualquier fuente de conflicto durante la comida, hablar de temas apropiados y emplear siempre un tono positivo y optimista. De este modo, los hijos valorarán gratamente el poder sentar a comer todos juntos; para impulsar cambios positivos en la mesa, involucrar a los más pequeños en la selección de los alimentos que se sirven en las comidas y hasta búsqueda que ayuden en las compras y en la preparación de los alimentos, en este sentido, resulta positivo asignarle en la cocina pequeñas tareas adecuadas para su edad, como poner la mesa o hasta servir alguna de las comidas. También para los adolescentes es importante que inviten a sus amigos a comer, aparte de conocelos, podemos sacar conclusiones de su pensar y que ideas tienen, en definitiva saber con quien andan nuestros hijos y la vez reafirmar el sentirse importante el adolescente por este gesto de los padres.
Los niños, por su parte, imitan las actitudes y comportamientos que observan diariamente en los adultos, por este motivo, darles ejemplo es la mejor manera de estimularles a comer de una manera sana y equilibrado. Esto implica sentar a la mesa de acuerdo a un horario regular, guardar las formas, alentar el consumo de alimentos saludables y, sobre todo, mantener una actitud positiva en el referente a la comida. Estar siempre a dieta o disconformes con el cuerpo puede llevar, a largo plazo, a inculcar en los niños sentimientos negativos respeto de la alimentación. Trata siempre de enviar los más pequeños mensajes positivos sobre la comida y como llevar una correcta alimentación.
Queda claro que hacer un esfuerzo especial para conseguir unos horarios adecuados en los que poder reunirse con la familia alrededor de una mesa merece la pena. La alimentación a lo largo de la infancia y durante la adolescencia juega un papel importante en la promoción de la salud. Pero para que los beneficios de esta práctica sean plenos todos los miembros de la familia deben involucrarse en estas reuniones gastronómicas de igual manera, la responsabilidad debe ser compartida y no es conveniente que se establezcan diferencias de comportamiento y trato entre los miembros. Para que se produzca un pleno desarrollo de la confianza entre padres, hijos y hermanos todos deben sentirse iguales en la mesa sin excusas, ni distracciones. Cuando sea imposible conciliar a vida laboral con las comidas regulares en la casa o los más pequeños almuercen en el colegio, resulta imprescindible sacar tiempo para, por lo menos, desayunar o cenar junto a los niños, si el ritmo de vida no permite reservar por lo menos una comida diaria para reunirse con la familia, es primordial prestar especial atención a los desayunos, comidas y cenas durante los fines de semana.
Debemos procurar que nada interfiera en las conversaciones de los miembros de la familia, si los más pequeños se acostumbran a comer en compañía de la televisión, el ordenador u otros aparatos? perderemos una gran oportunidad de promover la interacción familiar a la hora de comer, es necesario, por lo tanto, no abusar de su uso. Por otro lado, los niños que comen frente al televisor lo hacen sin ser realmente conscientes de cuanto están comiendo y, segundo señalan diversos estudios, es más fácil que tiendan a ganar más peso del adecuado.
Pero en la mesa no sólo surgen coincidencias, muchas veces puede ser lugar de diferencias generacionales, discusiones familiares o de pareja, esto debe ser tomado también como algo positivo, la mesa no tiene por que ser siempre un espacio de placer, las discusiones forman parte de la vida cotidiana y eso también es una forma de enseñar a los hijos, las discusiones con respeto y sin violencia, pueden sumar, también se sabe que cuando la familia tiene diálogo, este es un buen sosten para la salud del niño o adolescente se conserva mejor. El diálogo es fundamental, as veces el diálogo es difícil por la confrontación propia de este momento de la vida en que los jóvenes ya no sienten que sus padres son las personas idealizadas de la infancia, prefieren estar solos o con sus amigos y buscan jóvenes referentes entre los adultos, es frecuente que traten de imitar a un deportista o a un cantante o a otra figura con la que se identifican y también que un día piensen una cosa y otro día otra, no les suele gustar oír consejos ni que constantemente le pregunten que hace, que piensa, que siente, necesitan de momentos de intimidad.
Debe reconocerse entonces que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. También es importante tener en cuenta que hay familias con sus más y sus menos que llevan a que el encuentro sea dificultoso, algunos padres que piensan que los hijos deben escucharlos pero no dan valor a la opinión del adolescente y también hay padres devaluados por no poder ejercer el rol de proveedores.
En definitiva recuperemos la mesa como un espacio para potenciar la famila, buen probecho.
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mércores, 9 de febreiro de 2011
FAMILIA ESCUELA UN BINOMIO IMPRESCENDIBLE
Estaba el que escribe leyendo diversos artículos periodísticos e informes sobre la educación vista desde diferentes partes, épocas… y no deja uno de sorprenderse de que la actualidad sigue profundizando en la degradación de esta, pero no en los conceptos, sino en la interrelación que hay en la actualidad entre escuela, familia y adaptación de estos a la sociedad actual.
Es sabido que la implicación de los padres en las escuelas afecta positivamente al desarrollo de los hijos e hijas de la misma forma que la que la del profesorado, más allá del desarrollo profesional, ya que desde mi punto de vista la implicación de los últimos han de tener un compromiso vocacional, para ser un buen profesional.
Mientras el hijo está en edad escolar su educación es una responsabilidad compartida entre el colegio y la familia. Ambas instituciones, familia y colegio, persiguen los mismos objetivos, por lo que deben trabajar conjuntamente y sus funciones han de ser complementarias.
Los padres son expertos en sus propios hijos y pueden contribuir de diversas formas en su educación. Los profesores y los responsables del colegio son expertos en educación y hoy en día tienen una tarea muy compleja, como es proporcionar una formación integral a nuestros hijos. Actualmente las investigaciones han demostrado, sin dejar espacio a ninguna duda, que la implicación de los padres en los centros educativos afecta positivamente al desarrollo de los hijos a todos los niveles, lo que se refleja en:
Su rendimiento : tanto en áreas cognitivas (lectura, escritura y cálculo) como en áreas no cognitivas (asistencia regular a clase, motivación hacia las tareas escolares, participación activa en el aula,)
Su motivación y seguridad : son más independientes, muestran más iniciativa, presentan una mejor autoestima.
Su conducta: disminuyen los problemas de conducta, de disciplina,... Se influye de forma preventiva en el consumo de drogas, en las dificultades sociales y en la violencia social.
Sus actitudes más positivas (hacia el centro, hacia las actividades escolares y hacia el estudio) .Sus habilidades (lingüísticas, sociales,...), que enriquecen su personalidad.
Delegación de responsabilidades
la mayor implicación que los padres solicitan a los profesores se traduce en una delegación de responsabilidades «como si sintiéndose desbordados por las exigencias, solicitaran ser sustituidos por los maestros». Por otra parte, el hecho de que sólo un 1,3% de los encuestados demande mayores recursos en las aulas demuestra que se trata de «una demanda personalizada referida a los educadores y no al sistema educativo». En este sentido, la FAD puntualiza que los padres no pueden eludir su responsabilidad educativa. En opinión de Ignacio Calderón, director general de esta institución, «los padres y madres no podemos delegar las responsabilidades educativas en agentes externos, pero desde las instituciones también debemos poner a disposición los instrumentos necesarios para los padres que necesiten asesoramiento».
No hay unanimidad sobre que supone la implicación de los padres, pero una de las consideraciones más aceptadas es que su participación no se reduce a asistir a unos eventos organizados por el colegio o tener un buen programa de voluntariado. El mayor apoyo para el aprendizaje está relacionado con el estilo de educación (lectura por la noche, ayuda y supervisión en los deberes, expectativas altas sobre el rendimiento de los hijos...). Es decir, los padres tienen el derecho y la competencia para ayudar a sus hijos en su formación .
Históricamente, se ha mantenido una línea de implicación denominada “educación de padres”. Esta línea se centra en los hijos y parte de la consideración de que los padres necesitan del acceso al conocimiento para poder ejercer adecuadamente su rol de padres. Existe un segundo enfoque centrado en la “ participación ciudadana” , que parte de la asunción de que los padres como adultos tienen el derecho y la competencia de participar en la toma de decisiones que afecten a sus propias vidas y a las de sus hijos. Actualmente, es mayoritaria la segunda opción y esto permite pensar en diferentes y variadas formas a través de las cuales los padres pueden implicarse en los colegios (participando en la APA, ayudando a los hijos en sus tareas escolares, organizando actividades de tiempo libre, impulsando la motivación por las actividades deportivas...).
ACTITUD DE LOS PADRES. Existe una relajación de las obligaciones educativas. Educar no es decir sí a todas las exigencias de los niños, también es decir no, fijar normas y supervisar el cumplimiento de éstas. Ni la educación autoritaria, en la que el afecto brilla por su ausencia, es buena, ni tampoco lo es aquella en la que prima el todo vale, la negligencia. Los padres no son colegas o amigos de sus hijos y son responsables de su educación, una obligación que en muchos casos los progenitores delegan en la escuela. Los padres de niños o niñas que muestran conductas violentas deben intervenir en programas de reeducación de sus hijos, programas que deben tener un seguimiento y una evaluación.
La familia continúa estando a la cabeza de los valores considerados más importantes por los españoles. No obstante, no está exenta de tensiones y conflictos entre padres e hijos, lo que se traduce en confusión y desorientación. Así, un tercio de los padres españoles con hijos adolescentes siente que no educa bien o que no sabe hacerlo. Un 40% reconoce no manejar bien los conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirma sentirse desbordado, principalmente por las exigencias económicas de sus hijos.
El dinero que se debe dar a los hijos, los horarios de vuelta a casa, los estudios y la colaboración en las tareas domésticas centran los conflictos familiares.
Existe una relación directa entre el clima de comunicación familiar y el rendimiento escolar, de manera que cuanto mejor es la comunicación en el seno de la familia, mejor suele ser el rendimiento escolar de los hijos. Un clima familiar en el que los principales conflictos de convivencia vienen provocados por cuestiones como el dinero que han de percibir los hijos, los horarios de llegada a casa, los estudios y cuestiones relativas a la colaboración en las tareas domésticas. Por contra, los hijos centran las discusiones en temas sobre el sexo, los amigos o las drogas, aunque no son cuestiones que generen importantes conflictos. Estas discusiones y diferencias de criterio provocan que uno de cada tres padres afirme sentirse, en ocasiones, desbordado y resignado, y un 8% se sienta impotente o incluso desesperado hasta reconocer que «los hijos le agobian». Por otra parte, destaca que los padres ven con un tinte más optimista la relación con los hijos que la que éstos tienen con respecto a ellos. Así, y a pesar de que para los adolescentes la unión familiar es valorada como un principio importante, en la práctica, no pasan del 39% los hijos que reconocen que les gusta pasar el tiempo con su familia.
¿Familia ideal?
No existe, ni siquiera como tipo ideal «la familia española». Así, existen en nuestro país cuatro modelos familiares:
• Finalmente, con un 15%, en la familia «conflictiva» priman las normas fijas e inflexibles en donde los hijos se enfrentan a unos padres que no entienden y que se aferran a normas poco realistas.
Profesores: ¿niñeras?, ¿colegas?, ¿padres?

Si por una parte los padres piden una mayor implicación del profesorado y buscan la delegación de responsabilidades, por otra, los docentes se ven sobrepasados cada día ante la delegación de tareas que la sociedad les encomienda. los cambios sociológicos acaecidos en las dos últimas décadas en España han provocado que los niños, desde su infancia, permanezcan largas jornadas en guarderías, escuelas y colegios y el hogar ha pasado a un segundo plano. «Los alumnos van a la escuela para aprender todo lo que necesitan saber, desvinculándose los padres de su principal obligación, de la que parecen rehuir». Los resultados no han sido muy positivos en cuanto a valores y a educación. Por ello no resulta extraño que los padres tengan serias dificultades para controlar la vida de los hijos al llegar éstos a la pubertad, los padres no pueden eludir la responsabilidad que tienen en el proceso educación de sus hijos. las familias donde escasean las actitudes positivas entre sus miembros resultan un buen semillero de alumnos conflictivos y poco o nada interesados por el estudio y el trabajo. la institución educativa es necesaria cuando los conocimientos se van haciendo más complejos y resulta difícil o imposible que los miembros de la familia los posean de manera suficiente para enseñarlos. NORMAS CLARAS. Los centros deben tener normas claras; con reuniones en las aulas en las que los niños discutan sobre las reglas de funcionamiento y se responsabilicen de ellas, en las que se propicie una cultura de empatía (ponerse en el lugar de otro). La necesidad de evaluar, a través de la inspección y de las autoridades educativas, los distintos programas es otra de las aportaciones.
De todas formas, corresponde al colegio avanzar en esta línea de mayor apertura a las familias, posibilitando que los padres, en la medida de sus posibilidades, puedan participar. Es entendible que la mayoría de los padres, por propia iniciativa, no intenten vincularse activamente al colegio. Todos podemos pensar en razones personales para justificarlo (falta de tiempo, miedo en entrometernos,. Sin embargo, ni ngún obstáculo es insuperable ni es justificación para impedir la intervención de todos aquellos que estén interesados. El colegio puede actuar a diferentes niveles:
- Favoreciendo la comunicación entre la familia y los profesores, de forma que tanto los profesores como las familias tengan a su disposición toda la información y ayuda necesaria para trabajar por el éxito del alumno, independientemente de que existan o no problemas en los hijos.
- Ayudando a las familias a establecer un entorno familiar que apoye el aprendizaje . Los padres son los primeros y más importantes profesores para sus hijos y son la clave de su éxito en la escuela y más allá. Por tanto, el apoyo a los padres desde la escuela es un componente clave. Esto implica establecer una plataforma desde la que intercambiar ideas y experiencias sobre el desarrollo físico, intelectual y personal de los niños y adolescentes.
- Proporcionando ideas a los padres sobre cómo ayudar a sus hijos en casa en las tareas académicas. El currículum del hogar esta constituido por distintas dimensiones familiares como los valores, las actitudes, las expectativas, las aspiraciones... lo cual, aún no siendo siempre consciente e intencional, determina en gran parte el desarrollo de habilidades para la toma de decisiones, el autocontrol, la motivación, la disciplina, el estudio.
- Abriendo la puerta a la ayuda y apoyo de los padres, tanto para las tareas escolares (académicas o no), o extraescolares (talleres, actividades de tiempo libre,), incluso desde periodos tan breves como una hora al mes y desde el propio hogar de la familia, si fuera el caso.
Si se cree en la implicación de las familias en los centros, las posibilidades de participación de éstas son tan amplias, que no se trata de que los padres participen haciendo algo que no quieren sino todo lo contrario. Los padres deben plantearse cuales son sus recursos, habilidades, intereses o motivaciones y ver de que forma eso puede ajustarse con las posibilidades reales del centro.
Sin embargo, no todos los padres perciben la importancia de su implicación en la educación de sus hijos de la misma manera. Mientras algunos padres estarán deseando que la escuela les invite a participar en ella, otros, por mucho que el colegio insista preferirán dejar la educación en manos exclusivamente de los profesores.
En cualquier caso, lo que queda fuera de toda duda, es que todos tenemos intereses comunes y que la participación activa de los padres en el centro supone un enriquecimiento mutuo de todos los implicados, profesores, directivos, padres, pero sobre todo para los hijos. Debemos intentar trazar el camino para favorecer la implicación de aquellos que sí deseen participar.
Es sabido que la implicación de los padres en las escuelas afecta positivamente al desarrollo de los hijos e hijas de la misma forma que la que la del profesorado, más allá del desarrollo profesional, ya que desde mi punto de vista la implicación de los últimos han de tener un compromiso vocacional, para ser un buen profesional.
Mientras el hijo está en edad escolar su educación es una responsabilidad compartida entre el colegio y la familia. Ambas instituciones, familia y colegio, persiguen los mismos objetivos, por lo que deben trabajar conjuntamente y sus funciones han de ser complementarias.
Los padres son expertos en sus propios hijos y pueden contribuir de diversas formas en su educación. Los profesores y los responsables del colegio son expertos en educación y hoy en día tienen una tarea muy compleja, como es proporcionar una formación integral a nuestros hijos. Actualmente las investigaciones han demostrado, sin dejar espacio a ninguna duda, que la implicación de los padres en los centros educativos afecta positivamente al desarrollo de los hijos a todos los niveles, lo que se refleja en:
Su rendimiento : tanto en áreas cognitivas (lectura, escritura y cálculo) como en áreas no cognitivas (asistencia regular a clase, motivación hacia las tareas escolares, participación activa en el aula,)
Su motivación y seguridad : son más independientes, muestran más iniciativa, presentan una mejor autoestima.
Su conducta: disminuyen los problemas de conducta, de disciplina,... Se influye de forma preventiva en el consumo de drogas, en las dificultades sociales y en la violencia social.
Sus actitudes más positivas (hacia el centro, hacia las actividades escolares y hacia el estudio) .Sus habilidades (lingüísticas, sociales,...), que enriquecen su personalidad.
Delegación de responsabilidades
la mayor implicación que los padres solicitan a los profesores se traduce en una delegación de responsabilidades «como si sintiéndose desbordados por las exigencias, solicitaran ser sustituidos por los maestros». Por otra parte, el hecho de que sólo un 1,3% de los encuestados demande mayores recursos en las aulas demuestra que se trata de «una demanda personalizada referida a los educadores y no al sistema educativo». En este sentido, la FAD puntualiza que los padres no pueden eludir su responsabilidad educativa. En opinión de Ignacio Calderón, director general de esta institución, «los padres y madres no podemos delegar las responsabilidades educativas en agentes externos, pero desde las instituciones también debemos poner a disposición los instrumentos necesarios para los padres que necesiten asesoramiento».
No hay unanimidad sobre que supone la implicación de los padres, pero una de las consideraciones más aceptadas es que su participación no se reduce a asistir a unos eventos organizados por el colegio o tener un buen programa de voluntariado. El mayor apoyo para el aprendizaje está relacionado con el estilo de educación (lectura por la noche, ayuda y supervisión en los deberes, expectativas altas sobre el rendimiento de los hijos...). Es decir, los padres tienen el derecho y la competencia para ayudar a sus hijos en su formación .
Históricamente, se ha mantenido una línea de implicación denominada “educación de padres”. Esta línea se centra en los hijos y parte de la consideración de que los padres necesitan del acceso al conocimiento para poder ejercer adecuadamente su rol de padres. Existe un segundo enfoque centrado en la “ participación ciudadana” , que parte de la asunción de que los padres como adultos tienen el derecho y la competencia de participar en la toma de decisiones que afecten a sus propias vidas y a las de sus hijos. Actualmente, es mayoritaria la segunda opción y esto permite pensar en diferentes y variadas formas a través de las cuales los padres pueden implicarse en los colegios (participando en la APA, ayudando a los hijos en sus tareas escolares, organizando actividades de tiempo libre, impulsando la motivación por las actividades deportivas...).
ACTITUD DE LOS PADRES. Existe una relajación de las obligaciones educativas. Educar no es decir sí a todas las exigencias de los niños, también es decir no, fijar normas y supervisar el cumplimiento de éstas. Ni la educación autoritaria, en la que el afecto brilla por su ausencia, es buena, ni tampoco lo es aquella en la que prima el todo vale, la negligencia. Los padres no son colegas o amigos de sus hijos y son responsables de su educación, una obligación que en muchos casos los progenitores delegan en la escuela. Los padres de niños o niñas que muestran conductas violentas deben intervenir en programas de reeducación de sus hijos, programas que deben tener un seguimiento y una evaluación.
La familia continúa estando a la cabeza de los valores considerados más importantes por los españoles. No obstante, no está exenta de tensiones y conflictos entre padres e hijos, lo que se traduce en confusión y desorientación. Así, un tercio de los padres españoles con hijos adolescentes siente que no educa bien o que no sabe hacerlo. Un 40% reconoce no manejar bien los conflictos de convivencia y uno de cada cinco padres afirma sentirse desbordado, principalmente por las exigencias económicas de sus hijos.
El dinero que se debe dar a los hijos, los horarios de vuelta a casa, los estudios y la colaboración en las tareas domésticas centran los conflictos familiares.
Existe una relación directa entre el clima de comunicación familiar y el rendimiento escolar, de manera que cuanto mejor es la comunicación en el seno de la familia, mejor suele ser el rendimiento escolar de los hijos. Un clima familiar en el que los principales conflictos de convivencia vienen provocados por cuestiones como el dinero que han de percibir los hijos, los horarios de llegada a casa, los estudios y cuestiones relativas a la colaboración en las tareas domésticas. Por contra, los hijos centran las discusiones en temas sobre el sexo, los amigos o las drogas, aunque no son cuestiones que generen importantes conflictos. Estas discusiones y diferencias de criterio provocan que uno de cada tres padres afirme sentirse, en ocasiones, desbordado y resignado, y un 8% se sienta impotente o incluso desesperado hasta reconocer que «los hijos le agobian». Por otra parte, destaca que los padres ven con un tinte más optimista la relación con los hijos que la que éstos tienen con respecto a ellos. Así, y a pesar de que para los adolescentes la unión familiar es valorada como un principio importante, en la práctica, no pasan del 39% los hijos que reconocen que les gusta pasar el tiempo con su familia.
No existe, ni siquiera como tipo ideal «la familia española». Así, existen en nuestro país cuatro modelos familiares:
• La familia «nominal» es la que puede definir al 42,9% del conjunto de la población. En ella las relaciones padre-hijo pueden ser calificadas como de coexistencia pacífica más que de
convivencia participativa, pues existe poca comunicación. Los padres optan por no enfrentarse a los conflictos que puedan tener con sus hijos y se muestran desimplicados con los problemas y demandas de sus hijos.
convivencia participativa, pues existe poca comunicación. Los padres optan por no enfrentarse a los conflictos que puedan tener con sus hijos y se muestran desimplicados con los problemas y demandas de sus hijos.
• A ella le sigue la familia «endogámica», un modelo al que se adscribe el
23,7% de los españoles y que se caracteriza por un núcleo familiar muy unido donde priman las buenas relaciones.
• La familia «adaptativa» agrupa al 18,4%, en ella se da una buena comunicación entre padres e hijos y se muestra más abierta a las diferencias de opiniones, aunque no por ello está exenta de conflictos. • Finalmente, con un 15%, en la familia «conflictiva» priman las normas fijas e inflexibles en donde los hijos se enfrentan a unos padres que no entienden y que se aferran a normas poco realistas.
Profesores: ¿niñeras?, ¿colegas?, ¿padres?
PAPEL DE LOS PROFESORES. el profesor debe recuperar su reconocimiento social, tenga autoridad y, por tanto, más armas para combatir disfunciones en las aulas. Indisciplina la habrá siempre. Por eso, hay que restaurar la dignidad de los profesores dotándolos de las capacidades necesarias para hacerse respetar. Abogar por el restablecimiento de la autoridad de los profesores con propuestas legislativas que les permitan mantener un buen clima escolar esto tiene que implementarse con mantener una disciplina coherente, tanto en casa como en la escuela. Formación continua también a la falta de capacitación de los docentes para resolver los conflictos.

Si por una parte los padres piden una mayor implicación del profesorado y buscan la delegación de responsabilidades, por otra, los docentes se ven sobrepasados cada día ante la delegación de tareas que la sociedad les encomienda. los cambios sociológicos acaecidos en las dos últimas décadas en España han provocado que los niños, desde su infancia, permanezcan largas jornadas en guarderías, escuelas y colegios y el hogar ha pasado a un segundo plano. «Los alumnos van a la escuela para aprender todo lo que necesitan saber, desvinculándose los padres de su principal obligación, de la que parecen rehuir». Los resultados no han sido muy positivos en cuanto a valores y a educación. Por ello no resulta extraño que los padres tengan serias dificultades para controlar la vida de los hijos al llegar éstos a la pubertad, los padres no pueden eludir la responsabilidad que tienen en el proceso educación de sus hijos. las familias donde escasean las actitudes positivas entre sus miembros resultan un buen semillero de alumnos conflictivos y poco o nada interesados por el estudio y el trabajo. la institución educativa es necesaria cuando los conocimientos se van haciendo más complejos y resulta difícil o imposible que los miembros de la familia los posean de manera suficiente para enseñarlos. NORMAS CLARAS. Los centros deben tener normas claras; con reuniones en las aulas en las que los niños discutan sobre las reglas de funcionamiento y se responsabilicen de ellas, en las que se propicie una cultura de empatía (ponerse en el lugar de otro). La necesidad de evaluar, a través de la inspección y de las autoridades educativas, los distintos programas es otra de las aportaciones.
De todas formas, corresponde al colegio avanzar en esta línea de mayor apertura a las familias, posibilitando que los padres, en la medida de sus posibilidades, puedan participar. Es entendible que la mayoría de los padres, por propia iniciativa, no intenten vincularse activamente al colegio. Todos podemos pensar en razones personales para justificarlo (falta de tiempo, miedo en entrometernos,. Sin embargo, ni ngún obstáculo es insuperable ni es justificación para impedir la intervención de todos aquellos que estén interesados. El colegio puede actuar a diferentes niveles:
- Favoreciendo la comunicación entre la familia y los profesores, de forma que tanto los profesores como las familias tengan a su disposición toda la información y ayuda necesaria para trabajar por el éxito del alumno, independientemente de que existan o no problemas en los hijos.
- Ayudando a las familias a establecer un entorno familiar que apoye el aprendizaje . Los padres son los primeros y más importantes profesores para sus hijos y son la clave de su éxito en la escuela y más allá. Por tanto, el apoyo a los padres desde la escuela es un componente clave. Esto implica establecer una plataforma desde la que intercambiar ideas y experiencias sobre el desarrollo físico, intelectual y personal de los niños y adolescentes.
- Proporcionando ideas a los padres sobre cómo ayudar a sus hijos en casa en las tareas académicas. El currículum del hogar esta constituido por distintas dimensiones familiares como los valores, las actitudes, las expectativas, las aspiraciones... lo cual, aún no siendo siempre consciente e intencional, determina en gran parte el desarrollo de habilidades para la toma de decisiones, el autocontrol, la motivación, la disciplina, el estudio.
- Abriendo la puerta a la ayuda y apoyo de los padres, tanto para las tareas escolares (académicas o no), o extraescolares (talleres, actividades de tiempo libre,), incluso desde periodos tan breves como una hora al mes y desde el propio hogar de la familia, si fuera el caso.
Si se cree en la implicación de las familias en los centros, las posibilidades de participación de éstas son tan amplias, que no se trata de que los padres participen haciendo algo que no quieren sino todo lo contrario. Los padres deben plantearse cuales son sus recursos, habilidades, intereses o motivaciones y ver de que forma eso puede ajustarse con las posibilidades reales del centro.
Sin embargo, no todos los padres perciben la importancia de su implicación en la educación de sus hijos de la misma manera. Mientras algunos padres estarán deseando que la escuela les invite a participar en ella, otros, por mucho que el colegio insista preferirán dejar la educación en manos exclusivamente de los profesores.
En cualquier caso, lo que queda fuera de toda duda, es que todos tenemos intereses comunes y que la participación activa de los padres en el centro supone un enriquecimiento mutuo de todos los implicados, profesores, directivos, padres, pero sobre todo para los hijos. Debemos intentar trazar el camino para favorecer la implicación de aquellos que sí deseen participar.
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martes, 8 de febreiro de 2011
¡A ustedes, sobre todo a ustedes, padres!
Hay veces que uno se pone a leer artículos sobre los jóvenes y las drogas y siempre puede haber algún aspecto que uno no comparte o complementaría, pero este no es el caso de mi lectura de un artículo de opinión de José Antonio Burriel, lo cual suscribir de principio a fin.
El artículo de José Antonio "Chicos, alcohol y drogas" decía que el 27% de los chicos entre 14 y 18 años se emborracha tres veces el mes. El 46% de los menores de 14 años reconoce haberse emborrachado alguna vez en su vida. Tan sólo el 9% de los chicos tiene la percepción de que consume mucho o bastante alcohol. Además, la mayoría de los chicos no consideran que el abuso del alcohol pueda ser un problema de salud.
A mí me impresionan estos datos. A ustedes, sobre todo a ustedes, padres.
Los jóvenes españoles, de entre 15 y 34 años, se encuentran entre los europeos que mas consumen cannabis, éxtasis y cocaína, con un 17% del total. También los escolares españoles aparecen en cabeza del consumo de cannabis, con más de un 25% de los alumnos de entre 15 y 16 años. También en el consumo de cocaína los jóvenes españoles destacan desgraciadamente. Son datos del Observatorio Europeo de las Drogas. Me impresionan estos datos. A ustedes, sobre todo la ustedes, padres.
Para terminar de redondear unas estadísticas desgraciadas, muy desgraciadas, acudimos al fracaso escolar y a la calidad de la enseñanza nos chicos españoles, nos encontramos con un mapa desolador de nuestra juventud. Pesimismo, No, realismo, esa es la realidad y esconder la cabeza debajo de las alas no conduce a nada.
Asustarse jamás. Pero una cosa es no asustarse y otra, y bien distinta, no tomar las pertinentes medidas. Y tomarlas todos, gobernantes y padres. Yo pienso, que es posible que sea un poco ingenuo, que los jóvenes tienen capacidad sobrada para estudiar, para vivir sin drogas y sin alcohol; esa capacidad sobrada la tienen la inmensa mayoría de jóvenes. Pero esa capacidad esta ahí esperando a quien la saque a la superficie, quien la haga fructífera.
¡Vale la pena el esfuerzo pues nos va en eso el futuro! Lamentarse de unos datos solamente conduce a la pasividad ante la sensación de impotencia. Pues ¡va a ser que no!, que no debemos tener esa sensación porque los valores están ahí, esperando a salir a la flote con que hagamos un esfuerzo, todos, padres, gobernantes y la sociedad en general un esfuerzo. Eso sí, pensar que "ya serán adultos y habían cambiado" es un error, un grave error, una insensatez propia de quien no quiere arrimar el hombro para solucionar los sus más y sus menos.
Que razón tienes amigo José Antonio, Y ustedes, sobre todo a ustedes, padres, ¿que piensan?
Ya sábedes que estamos siempre condenando la juventud, cuando la maioria de ella está a desarrollar grandes labores a favor de la sociedad e intenta contribuir a un cambio de la sociedad y sobre todo intenta susbsistir en una sociedad consumista, en la que tiene grandes espacios no saludables.
Pero realmente estamos a hacer algo los padres para mejorar la vida de nuestros hijos, y no me refiero o darles de comer. Claro está que hoy en nuestra sociedad estamos a exigir una mayor formación para que se poda conseguir un trabajo, diplomaturas, licenciaturas, cursos, etc. los adultos intentamos hacer valer esta formación . Pero algún padre tiene uno titulo para ser PADRE, no verdad, pues tenemos que hacer también un esfuerzo para formarnos en la educación de los hijos, y hacer un espacio en la vida esquizofrenica que llevamos y dedicarle unas horas a formarnos en habilidades para entender y educar mejor nuestros hijos.
También otra premisa que tenemos los padres es consiguiere cambiar la sociedad, ya sé que esto suena a utopia, pero que alternativas le estamos a ofrecer a nuestros jovenes para que pasen su tiempo de ocio, más en concreto el nocturno de una forma diferente, pues si somos sinceiros NADA. Después pedimos cambios de actitud a ellos, cuando nosotros no estamos a hacer nada, no participamos en las iniciativas sociales para los más desfaborecidos, en las asociación de vecinos, en las asociaciones de padres en los colegios, etc.
Ya sabemos que la sociedad actual no está bien, sólo buscamos la calidad de vida ABSOLUTA, cuando lo que de verdad tenemos que buscar es la felicidad verdadera, y esta no se encuentra por tener más, sino por saber vivir mejor y con compromiso social.
La sociedad evolucionó gracias a unos cantos que tuvieron la imaginación, el tesón y el compromiso de conquerir inventos y avances que en los fan una vida más agradable, pues en los sólo tenemos que contribuir en conjunto a modelar la sociedad que le queremos dejar los nuestro hijos. Sólo con un verdadero compromiso podemos hacer cambios o por lo menos intentarlo, el más facil es quedarse cas máns cruzadas
Y como no esto ve dedicado :
¡A ustedes, sobre todo la ustedes, padres!
.
Hay veces que uno se pone a leer artículos sobre los jóvenes y las drogas y siempre puede haber algún aspecto que uno no comparte o complementaría, pero este no es el caso de mi lectura de un artículo de opinión de José Antonio Burriel, lo cual suscribir de principio a fin.
El artículo de José Antonio "Chicos, alcohol y drogas" decía que el 27% de los chicos entre 14 y 18 años se emborracha tres veces el mes. El 46% de los menores de 14 años reconoce haberse emborrachado alguna vez en su vida. Tan sólo el 9% de los chicos tiene la percepción de que consume mucho o bastante alcohol. Además, la mayoría de los chicos no consideran que el abuso del alcohol pueda ser un problema de salud.
A mí me impresionan estos datos. A ustedes, sobre todo a ustedes, padres.
Los jóvenes españoles, de entre 15 y 34 años, se encuentran entre los europeos que mas consumen cannabis, éxtasis y cocaína, con un 17% del total. También los escolares españoles aparecen en cabeza del consumo de cannabis, con más de un 25% de los alumnos de entre 15 y 16 años. También en el consumo de cocaína los jóvenes españoles destacan desgraciadamente. Son datos del Observatorio Europeo de las Drogas. Me impresionan estos datos. A ustedes, sobre todo la ustedes, padres.
Para terminar de redondear unas estadísticas desgraciadas, muy desgraciadas, acudimos al fracaso escolar y a la calidad de la enseñanza nos chicos españoles, nos encontramos con un mapa desolador de nuestra juventud. Pesimismo, No, realismo, esa es la realidad y esconder la cabeza debajo de las alas no conduce a nada.
Asustarse jamás. Pero una cosa es no asustarse y otra, y bien distinta, no tomar las pertinentes medidas. Y tomarlas todos, gobernantes y padres. Yo pienso, que es posible que sea un poco ingenuo, que los jóvenes tienen capacidad sobrada para estudiar, para vivir sin drogas y sin alcohol; esa capacidad sobrada la tienen la inmensa mayoría de jóvenes. Pero esa capacidad esta ahí esperando a quien la saque a la superficie, quien la haga fructífera.
¡Vale la pena el esfuerzo pues nos va en eso el futuro! Lamentarse de unos datos solamente conduce a la pasividad ante la sensación de impotencia. Pues ¡va a ser que no!, que no debemos tener esa sensación porque los valores están ahí, esperando a salir a la flote con que hagamos un esfuerzo, todos, padres, gobernantes y la sociedad en general un esfuerzo. Eso sí, pensar que "ya serán adultos y habían cambiado" es un error, un grave error, una insensatez propia de quien no quiere arrimar el hombro para solucionar los sus más y sus menos.
Que razón tienes amigo José Antonio, Y ustedes, sobre todo a ustedes, padres, ¿que piensan?
Ya sábedes que estamos siempre condenando la juventud, cuando la maioria de ella está a desarrollar grandes labores a favor de la sociedad e intenta contribuir a un cambio de la sociedad y sobre todo intenta susbsistir en una sociedad consumista, en la que tiene grandes espacios no saludables.
Pero realmente estamos a hacer algo los padres para mejorar la vida de nuestros hijos, y no me refiero o darles de comer. Claro está que hoy en nuestra sociedad estamos a exigir una mayor formación para que se poda conseguir un trabajo, diplomaturas, licenciaturas, cursos, etc. los adultos intentamos hacer valer esta formación . Pero algún padre tiene uno titulo para ser PADRE, no verdad, pues tenemos que hacer también un esfuerzo para formarnos en la educación de los hijos, y hacer un espacio en la vida esquizofrenica que llevamos y dedicarle unas horas a formarnos en habilidades para entender y educar mejor nuestros hijos.
También otra premisa que tenemos los padres es consiguiere cambiar la sociedad, ya sé que esto suena a utopia, pero que alternativas le estamos a ofrecer a nuestros jovenes para que pasen su tiempo de ocio, más en concreto el nocturno de una forma diferente, pues si somos sinceiros NADA. Después pedimos cambios de actitud a ellos, cuando nosotros no estamos a hacer nada, no participamos en las iniciativas sociales para los más desfaborecidos, en las asociación de vecinos, en las asociaciones de padres en los colegios, etc.
Ya sabemos que la sociedad actual no está bien, sólo buscamos la calidad de vida ABSOLUTA, cuando lo que de verdad tenemos que buscar es la felicidad verdadera, y esta no se encuentra por tener más, sino por saber vivir mejor y con compromiso social.
La sociedad evolucionó gracias a unos cantos que tuvieron la imaginación, el tesón y el compromiso de conquerir inventos y avances que en los fan una vida más agradable, pues en los sólo tenemos que contribuir en conjunto a modelar la sociedad que le queremos dejar los nuestro hijos. Sólo con un verdadero compromiso podemos hacer cambios o por lo menos intentarlo, el más facil es quedarse cas máns cruzadas
Y como no esto ve dedicado :
¡A ustedes, sobre todo la ustedes, padres!
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