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mércores, 10 de febreiro de 2016

La niña de Allende exiliada que programa los conciertos de El Sol

Marcela San Martín huyó de la dictadura chilena y, tras pasar por Perú, Cuba y la República Democrática Alemana, recaló en Madrid, donde dirige una de las salas más emblemáticas

Marcela San Martín, responsable de la programación musical de la sala El Sol de Madrid.
Vivió el derrocamiento de Allende, la Cuba de Castro, la vida de los otros berlineses de Honecker y los estertores de la movida de Tierno. El itinerario vital de Marcela San Martín (Santiago de Chile, 1967) discurre en paralelo a los mojones históricos del último cuarto del pasado siglo, hasta que echó el freno en una democracia española a la que todavía no le habían salido los dientes de leche. Hoy, a dos paradas de los cincuenta, su acento no remite a pasado alguno, como si su único ecosistema hubiese sido éste.

Marcela tenía cinco años cuando su padre desapareció. Tres días antes del golpe de Estado de Pinochet, Miguel Ángel San Martín dejó de ir por casa y se atrincheró en los estudios de Radio Corporación, ubicada frente del Palacio de la Moneda. “Sabía que era inminente y prefirió estar al pie del cañón en la emisora, donde trabajaba como jefe de los servicios informativos”, explica su hija, entonces confinada con su madre y sus dos hermanos en un piso del barrio de Las Condes.

Habían decretado el toque de queda y, a lo lejos, se escuchaban los disparos y los bombardeos. “Mi madre se llevó los colchones y las mantas al pasillo, lejos de las ventanas”, recuerda Marcela, cuyo apartamento distaba cuatro manzanas de la residencia presidencial. Mientras, Miguel Ángel se encaramaba al tejado de la emisora para huir de las represalias. Era el 11 de septiembre de 1973, la antena de Radio Corporación había sido saboteada y la comunista Radio Magallanes tomaba el relevo para difundir las últimas palabras de Allende.

“Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano”, declara el presidente chileno antes de morir de un tiro en la cabeza. “Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. Acto seguido, sonaba Quilapayún con su El pueblo unido jamás será vencido. Vencerían, en cambio, los alzados.
Seis días después, Miguel Ángel, que había permanecido escondido junto a sus hermanos, logra saltar la valla de la Embajada de México, que lo traslada al DF. Su esposa decide seguir sus pasos y aterriza en Perú, donde son recibidos con honores. Las autoridades las habían tomado por unos líderes socialistas, cuando sólo eran una mujer en busca de un marido y tres mocosos a la procura de un padre. Se reencontraron en La Habana, donde el Gobierno cubano habilitó el Hotel Presidente para acoger a los exiliados chilenos. Allí también recaló Beatriz, una de las hijas de Allende, que cuatro años después del golpe pondría fin a su vida.

Miguel Ángel, que hoy ejerce de periodista y locutor en Chillán, donde nació hace setenta años, tuvo que elegir entre Albania y la República Democrática Alemana. Escogió Berlín Oriental, adonde llegaron el día que Marcela cumplía siete años. “Fue muy duro. Quería pasar desapercibida en un país extraño y la supervivencia me llevó a hablar alemán en dos meses”. Apenas queda rastro del idioma en su memoria, pues cuatro años después la familia partió hacia San Lorenzo de El Escorial, invitados por el exsenador chileno Erich Schnake, jefe de gabinete del entonces presidente madrileño, Joaquín Leguina.

“Elvis, Beatles y Rolling Stones eran el demonio capitalista. Pasé de escuchar clandestinamente a Boney M. y ABBA a volverme loca para encontrar una emisora de radio en Madrid, porque el aparato lo había comprado en la RDA y no tenía F.M.”, explica Marcela, que pronto abriría sus oídos a Kaka de Luxe y Alaska y los Pegamoides. De El Escorial a Leganés, de Leganés a Alcorcón, su vida es la crónica de un éxodo. “Y pensar que ahora miramos con lupa a los refugiados…”, reflexiona esta exiliada chilena. “Mis padres no tenían trabajo. Éramos felices, pero sin dinero, hasta el punto de que a veces nos mandaban a la cama sin cenar porque no había qué comer”.

Su madre, que había estudiado Filología Inglesa y ejercido como maestra infantil, encontró un puesto como animadora sociocultural en la Universidad Popular de Alcorcón. Su padre se reinventó y, antes de hacerse un hueco en el Ayuntamiento de Leganés, fundó revistas y radios locales. Ella estudió Publicidad y, con veinticinco años, se enroló en la sala Siroco, una cueva de Malasaña que ha ejercido de plataforma de lanzamiento de bandas alternativas. 

La experiencia acumulada la lleva, de la mano del músico y diseñador Víctor Coyote, a la sala El Sol. Desde 1995, ha sido testigo de la evolución de la música española e internacional. Es más fácil enumerar qué bandas no han pasado por aquí que citar los combos que se han dejado caer por el sótano de la calle Jardines. La lista es ingente y, a pesar de que el espacio no da para más de 299 personas, se han colado grupos de calado. Por ejemplo, durante la gira de tapadillo de First Impressions of Earth, The Strokes eligieron seis locales de pequeño aforo para presentar su tercer disco en Europa. “Tenías que ver las maniobras de un camión de trece metros para llegar a la puerta y descargar el material”.

El Sol es una institución madrileña. Fue fundada en 1979 por Antonio Gastón (un arquitecto donostiarra con querencia por la bohemia cansado de la grisura de San Sebastián) entre las paredes que antes acogían la discoteca Malambo, volcada con el folclore hispanoamericano. Fue un soplo de modernidad, madriguera de la incipiente movida. “El garito más bonito, libertario, liberal y libertino del flamante Madrid democrático”, en palabras del periodista Miguel Mora. Una de las pocas salas de conciertos que sigue mimando al público al ofrecerle la cerveza en botella y por un módico precio, no en vaso de plástico y por lo que cuesta un riñón. 

El apunte no es baladí. “La gente es respetuosa hasta en los conciertos del grupo más punki, y eso que entre los músicos y el público sólo median tres escalones”, justifica Marcela, quien recaló en la sala cuando ya la dirigía Nacho Moreno. A punto de cumplir cuarenta años en la brecha, cada enero celebra su aniversario con un mes de conciertos en el que rescata a las viejas glorias que han pasado por aquí, de Antonio Vega a Los Ronaldos. “Lo más gratificante es ver la cara del público”, confiesa Marcela, responsable de la programación desde hace seis años. Por lo demás, todo (la escalera de caracol, el camarero de pajarita, la cortina roja del escenario…) sigue igual desde entonces. Igual de bien. Bien mejor.

martes, 9 de abril de 2013

El cura de aldea al que le cabía la enciclopedia en la cabeza

 

Pionero del uso de la lengua gallega en la liturgia, Xosé Pumar Gándara escribe a sus 82 años tratados de etnografía después de dar misa, donde echa en falta la presencia de mujeres sacerdotes. La monarquía, ni verla: "Es un sistema que genera corrupción"           

HENRIQUE MARIÑO
PUBLICO.
Madrid 09/04/2013 07:50           

El cura ilustrado Xosé Pumar Gándara.

El cura ilustrado Xosé Pumar Gándara.

 

Apoya la vida en su bastón, un caballete de madera donde ultima el cuadro de su existencia. En él, priman los óleos, nada extraño en un encargado de difundir la palabra sagrada. Tiene 82 años y se cuestiona, antes de retrotraerse en el tiempo, el porqué de esta entrevista. A Xosé Pumar Gándara (Val do Dubra, 1931) le cabe la enciclopedia en la cabeza, pero no se explica que alguien llame a su puerta para preguntarle sobre lo divino y lo humano.

Ya ha escrito todo lo que tenía que decir: este sacerdote coruñés dio profusa fe de los usos y costumbres de las parroquias por las que ha pasado. "La Historia de Bastavales son once tomos", puntualiza sin inmutarse. Manuscritos: tinta y pluma. Esboza una sonrisa pícara y previene: "No se asuste".

Son las cuatro de una tarde intranquila. Pumar recibe solo en el despacho parroquial de Carballo, su último destino, donde sigue oficiando misa. Usa gafas oscuras en una tierra donde nunca se sabe si el sol sale o se esconde. Anda corto de vista, pero el faro de su cerebro es de largo alcance. Detrás del portón, un cura erudito que quiso dar cuenta de la idiosincrasia y la cultura de los rincones donde ejerció el sacerdocio, tomando como referencia la obra del canónigo del cabildo compostelano Antonio López Ferreiro, quien había escrito en once tomos la Historia de la Santa Apostólica Metropolitana Iglesia de Santiago de Compostela.

"La corrupción es un descrédito para los políticos y una mala educación para la ciudadanía"
"Fue mi forma de rendirle homenaje", explica Pumar, que repitió ese "número sagrado" para narrar la Historia de Seavia, una parroquia del Concello de Coristanco que cobijaba el tesoro de la fraseología. El arcano de la lengua gallega, "herida por la radio y la televisión". Bastavales tal vez les suene por sus campanas. "Allí noté que había un gran desconocimiento de Rosalía de Castro, ya que la gente pensaba que era una mujer que cantaba por las ferias".

Habla de la madre nutricia de la poesía en lengua vernácula, la que llamó viudas de los vivos a las mujeres que ofrecieron las cabezas de sus padres, maridos e hijos a la emigración, el sacrificio que aún a estas alturas se sigue cobrando el dios de la necesidad. "Yo traté de darle otra dimensión y también escribí sobre ella".

Quién le iba a decir al niño labriego Xosé que, tras dejar su casa con cuatro años para irse a Santiago, con el tiempo iba a terminar escribiendo en latín. "No el de Cicerón sino el de Jerónimo", el santo que tradujo la Biblia al cristiano para que la entendiese el pueblo, de ahí la Vulgata. "En mi diario, a quien le confieso mis secretos, escribo en latín con cierto hipérbaton para que, si algún día cayese en manos ajenas, nadie lo entienda". Escribir para sí, la forma más reflexiva de narrar. "Luego dejo que pasen los meses y observo qué angustias, cuitas, dudas y aflicciones tenía en el pasado".

El suyo fue el de una Galicia mísera. De cepa "clerical, piadosa y cristiana", eligió el camino del seminario "de forma instintiva". A su piso de la rúa Nova de Santiago llegaban paquetes, esas voluminosas cartas de amor dirigidas al estómago de los ausentes: patatas, queso, caza... "Vivíamos subvencionados por la aldea". La cartilla de racionamiento proveía de pan, azúcar y aceite. "Éramos una familia de cuatro vacas, dos bueyes y un caballo", cuyo poderío venía marcado por la matanza: tres cerdos cada invierno. "En el campo no había futuro y, para promocionarnos, nos mandaron a estudiar a Santiago". Lo acompañó su hermana, quien se matricularía en Filosofía y Letras, hasta que el matrimonio la alejó de la Facultad.

La sotana de Pumar sería pionera en dar misa en gallego. "En Padrón, después de Rosalía, sólo la hablamos Camilo Agrasar Vidal [el ángel custodio de la casa de la poetisa] y yo". Las lenguas vernáculas eran aptas para el culto desde el Concilio Vaticano II, pero "los curas se resistían porque pensaban que degradaba la liturgia". El arzobispo de Santiago Fernando Quiroga Palacios había abierto la veda y su sucesor, Ángel Suquía, puso una pica en Pontedeume cuando celebró la eucaristía en gallego. "Fue más comprensivo con nuestro idioma que muchos de nosotros".
"La mujer en la Iglesia no está aceptada como debería"
Claro que Suquía era vasco, se crió en euskera y hablaba alemán, francés, italiano y gallego. "Aquella homilía marcó época", rememora. El que luego sería presidente de la Conferencia Episcopal pastoreó en la lengua del pueblo, a quien invitó a escribirle y hablarle en gallego, y de paso le mandó un mensaje a la curia local, todavía reacia aquel primero de noviembre de 1974 a los latinajos.
Pumar no es un cura moderno, pero sí contemporáneo. Tampoco es conservador sino conservacionista: de la tradición, la cultura y el idioma, "que es la patria donde nos educamos todos".
 Obviamente, entronca con el galleguismo histórico, pero se ha sacudido los tics atávicos propios de otra época. Por ejemplo: "La mujer en la Iglesia no está aceptada como debería". ¿Quiere decir que deberían poder ordenarse sacerdotes? "Claro, claro". Habla de los homosexuales con respeto, incluso de los apóstatas. Cree que la institución debería autofinanciarse. Y aboga por un golpe de timón en el Vaticano aprovechando la elección del Papa Francisco, aunque "deshacer lo que está hecho cuesta mucho".

"La monarquía es una isla dentro de la democracia que genera corrupción"
Hay una España que desprende un olor pestilente, como el de aquel residuo de petróleo que compraba en la taberna de Buxán, donde nació hace muchos tomos, para alumbrarse. "La corrupción es un descrédito para los políticos, un desánimo para la ciudadanía y una mala educación para la gente". Un mensaje poco ejemplar: "Si ellos roban, ¿por qué no robar?".

Entonces, sin que medie pregunta alguna, le saca brillo al tabú de la corona. "Es una isla dentro de la democracia. Un padre le puede dejar en herencia a su hijo un piso, pero no el gobierno del Estado, algo que debe decidir la gente. La monarquía es un sistema que genera corrupción, porque los reyes están expuestos a que un día los echen. Por eso, acaparan lo que pueden para poder vivir después". Y se saca de la manga la profecía del rey Faruq de Egipto: "Dentro de poco sólo quedarán cinco reyes: el de Inglaterra y los cuatro de la baraja".

Claro y meridiano. "Bueno, nos estamos metiendo en política", tercia Pumar, como quien desembarra las botas con la punta del bastón. ¿Pero se considera un cura progresista? "Hombre, yo... yo creo que sí", balbucea, como zancadilleado por la risa. Hablamos pues de su inminente libro, Viaje por el corazón de Bergantiños, donde incide en el paisanaje y el paisaje de su tierra, hasta hace nada quebrado por las grúas. "La construcción se desbocó". Luego vino todo esto. Anotado queda en uno de tantos cuadernos de este cura etnógrafo, que llegó a presidir el Instituto de Estudios Bergantiñáns. ¡Dios, qué buen cronista si tuviese buen editor! Con once Pumares se reescribiría la historia de Galicia. No la de los vencedores, sino la de los que nunca se dieron por vencidos.


http://www.publico.es/espana/453350/el-cura-de-aldea-al-que-le-cabia-la-enciclopedia-en-la-cabeza

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mércores, 3 de outubro de 2012

MODULAR BELLS POR HENRIQUE MARIÑO



A esta señora, Cifuentes, le pasó lo que a Mike Oldfield, un chaval de dieciséis años que vendió otros tantos millones de unidades de su primer disco. Las genialidades precoces, o que las protestas alumbren en otoño como champiñones, tienen sus inconvenientes. En el caso del autor de Tubular Bells, saber que tu vida va a ser a partir de entonces, antes incluso de la maquinilla de afeitar, una cuesta abajo. Por eso aquel muchachote imberbe y solitario decidió que su existencia, al menos musicalmente, consistiría de allí en adelante en modular, y empezó por las mozas que le pusieron voz.
Una vez le pregunté a Mike Oldfield cómo había superado tamaño éxito a una edad tan temprana y reconoció que no pudo asimilarlo. “Me escapé a las montañas, a un lugar lejano poblado por corderos, y bebí mucho alcohol”, respondió el otrora adolescente prodigio, que lleva ya casi medio siglo echando balones fuera sobre su obra posterior, viéndose una y otra vez forzado a responder si será capaz de engendrar una composición que supere a la primera.
Si no es fácil modular la voz, imagínense el discurso. Pese a ello, los políticos se esfuerzan cada día por hablar en falsete, cambiando su tonalidad como quien muda de eufemismo. Cristina Cifuentes, que es la delegada del Gobierno en Madrid, una redundancia comparable a tener un portavoz de la Santa Sede en el Vaticano, ha salido diciendo que hay que “modular” el derecho de reunión y manifestación porque la ley es “muy permisiva y amplia”.
Y nada, que me ha hecho pensar en las modulaciones de Mike, que no dejan de ser una justificación eterna de su pecado original. A lo mejor a usted lo de modular le recuerda a su peluquera cuando le comenta que sólo le va a cortar las puntas y luego se lleva toda la cabellera ella.

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sábado, 25 de febreiro de 2012

Cierra Público y me descalzo ante ustedes

Por Henrique Mariño
Carballo, 1975. Periodista. Bio.






La primera vez que me compré unos zapatos tenía 27 años, esa edad a la que las estrellas del rock les da por morirse, que si el Morrison, que si la Winehouse. Eran unos botines negros de dudosa calidad, pero me dolía soltar la guita teniendo la mercancía en casa, por eso me llevé un calzado de palo.

Mi abuelo Don José tuvo a bien establecerse en Carballo en los años cincuenta para cortar el cuero con la precisión de un pulidor de diamantes. Primero se instaló en un bajo que tiempo después albergaría una bodega de vinos, el Submarino, sito en la otrora Plaza del Generalísimo, la que había sido de la Libertad y ahora, por aquello del consenso, la de Galicia. Luego se trasladó a la calle Coruña, entre la plaza del pueblo y la iglesia, a un local añejo que todavía hoy regentan mis padres, quienes continuaron con la tradición zapatera, como casi todos los hijos e hijas del viejo, qué sabio. Yo me crié entre cajas de cartón y un respeto secular por el fuego: vivíamos en el piso superior. “Ten cuidado, Henrique, que si salta una chispa esto es una caja de cerillas”, me decía mi padre. El suyo, sin embargo, murió encamado y con la chusta en los labios, como el que espera la ceniza.


A uno de los hijos de Don José se lo llevó una enfermedad y a otro, la emigración. El resto, ya digo, abrazó los mocasines de ante y los escarpines de tacón de seis y medio. Sólo fue a la Universidad el varón del medio, que terminó convirtiéndose en el referente de la estirpe familiar: estudiar era sinónimo de hacer, como él, Derecho. Así pasaron los años, hasta que llegó el momento de dejar el instituto y lanzarse al mejor sitio para descansar, que diría Triángulo de Amor Bizarro. A mi madre le debo poder dedicarme a esto, o sea, al periodismo: ¿qué coño haría yo ejerciendo, en el mejor de los casos, de abogado? Saldría victorioso de algún proceso, supongo, pero por insistencia, como quien vende miniaturas de buda por los bares. Juez y mazo: “Señor Mariño, declaro a su cliente inocente, pero su lengua incesante se va directamente al calabozo”. Cloc.

Cuando llegamos a Madrid, lo primero que hizo mi madre al entrar en el colegio mayor fue preguntar dónde estaba la capilla, como anticipándose a mis pecados. Nada más irse, me sacaron de farra hasta las tantas de la madrugada y, al volver a la residencia, recordé vagamente que había pasado por El Correo Gallego, Cope, Galicia Hoxe, Radiovoz, La Voz de Galicia y EFE. Luego vino la Radio Galega y El Mundo, en el que estaría cuatro años hasta que me fui a Roma, donde compré los zapatos espurios y empecé a escribir para La Voz de Galicia. Después tocó Londres, Sao Paulo y, siempre, Madrid. Si la noche se desboca, el sueño es tan reparador que, al despertarte, te olvidas de dar las gracias: a Fernando García Pablos, Ramón Busto, Paco Pelegrín, Antonio Jiménez, Cristina Abelleira, José Manuel Casal, Pepe Ameixeiras, José Manuel Ferreiro, Ana Romaní, Kino Verdú, Jesús Alcaraz, Alberto Luchini, Juan Manuel Bellver, Cristina de Alzaga, Miguel Ángel Mellado, Ana Rodríguez, Jesús Flores, Luís Ventoso… Y a los colegas, que no precisan cita, porque si los anteriores me enseñaron en su día de qué va el rollo, estos todavía me siguen dando hoy lecciones de amistad.

 Tanta enumeración hiede a responso: para no alargarme, termino con los velatorios de ADN.es, aquel periódico digital donde fuimos felices.
Seguimos celebrando cada aniversario de su defunción, pero como una vez al año resulta insuficiente encargamos una misa si nos lo pide el cuerpo, que suele ser exigente e incorrupto. Pero cuando ya nos habíamos sacudido el luto y estábamos de alivio, resulta que a Público le da un vahído y ya va uno mirando en el armario si tiene un chaquetón negro, con resultado negativo. Malo será que no sirva alguna prenda oscura, algo que te hayas puesto en los sepelios encadenados de los compañeros de profesión, que parecemos la santa compaña. Pero el jamacuco termina siendo expiración y para mí que una chaqueta de pana marrón es poco seria para un funeral como éste, visto el número de esquelas que ha puesto la gente.
Hoy habrá que ir a comprar pues un chambergo como dios manda y, de paso que bajo, también el periódico. Si tardé casi seis lustros en pagar por unos zapatos, no extrañará que después de tres años me lleve el diario de la competencia. Me imagino que no me resultará tan cómodo como el de casa. Tal vez me sobre algo, la suela resbale o hasta me salga un callo, pero calzar hay que calzarse. Si el vestir comienza en los zapatos, que son los cimientos de nuestro edificio, la democracia arranca en las rotativas. Necesitamos los periódicos como las botas en invierno y las sandalias en verano. Era un euro y veinte, ¿no? Pues a ese precio a lo mejor le digo al quiosquero que me ponga medio kilo. Aunque, en realidad, lo que me gustaría es volver a casa, quitarme los botines negros nada más entrar en el portal y, con los pies desnudos, susurrar desde el felpudo de la puerta:

- Que, mamá, ¿me regalas unos zapatos? Parece mentira, 36 años y todavía descalzo.

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xoves, 29 de decembro de 2011

DE VILAR DE FRANCOS O PAZO DA CULTURA

Un ten días no que leva alegrías no fondo da existencia dun mesmo...    Foi o que me pasou o xoves na presentación do libro "Follas de Carballo", a unha hora típica de charla e co retraso evidente dun acto que se precie, tivo lugar no pazo da cultura de carballo a presentación do libro editado pola asociación Cultural Lumieira "Follas de Carballo", un acto que pon broche de ouro a celebración do 35 aniversario da asociación e que agasallo máis fermoso o que nos fixeron con este acto.
Para min foi un regalo de reises adiantado, ca presenza dos autores: Xurxo Borrazás, Fernando Cabeza Quiles, Xurxo Chapela, Rosalía Fernández Rial, Farruco Graña, Henrique Mariño e Ignacio Silva, ademais de Xosé Ramón Freixeiro Mato, que fixo  o prólogo do libro, e ca ausencia por motivos laborais de Alberto Varela Ferreiro, foi o "elenco" máis representativo dos valores no mundo das letras que temos en carballo.

Cando ollaba o libro, o comenzo, víñame a cabeza o carballo de vilar de francos, árbore anterga e grandiosa que bebe das raices profundas  da terra que o viu crecer tan fermoso e grandioso.
Pois o mesmo acontecíame co libro que tiña nas miñas máns, estas follas de palabras dos diferentes relatos que surxián do seu tronco vital, que as fixo brotar, ese tronco que anel a anel foi medrando desde fai xa 35 anos que é Lumiera e como non todo asentado sobre a mellor terra a de carballo.

Non vou ser eu que opine dos relatos do libro e da súa calidade, que máis alá das consideracións dos expertos, quedan as verbas de Freixeiro considerando o libro como "unha gran obra", aínda que o que escribe non ten en conta moitas veces a voces dos técnicos, críticos ou especialistas, xa que para min é máis sinxelo ou gosta ou non, máis alá doutras valoracións, os libros fanse para os lectores e non para os entendidos, ou non?

Rematado o acto fun contento cara a casa, cun sorriso andando polo parque do anllóns, e lendo as dedicatorias recollidas dos autores, porque foi un día especial para a cultura, a celebración dun aniversario dunha entidade "magnus,magna,magnum"como é Lumieira, pola nova vida dun libro "Follas de Carballo" e sobre todo por ver a amigos e veciños convertidos en grandes escritores e protagonistas. Porque para min cada un co seu propio estilo, son o presente das letras  e fan de nós os carballeses un povo hoxe máis "rico".
Despois disto só decir sobre o acto de hoxe que facía tempo que non me sentía tan carballés, grazas a todos polo voso traballo.

Gostoume ver a Freixeiro, ese veciño de cances que tanto leva traballado polo galego e seguro que tiña que estar máis considerado polos veciños de carballo e as súas autoridades e como non a seu lado estaba Farruco Fraga, acual presidente de Lumieira, home bo e xeneroso, que sempre se manten un paso atras, pero é a "alma mater"de moitos proxectos de Lumieira, Farruco para os que consumimos cultura desdes a comodidade da butaca, moitas grazas....  

Agora o que podemos facer entre todas e todos e como ben se decía no acto agasallar e dar a coñecer o libro para que os carballeses, bergantiñáns e galegos valoren os mellores froitos que da o carballo e que as súas follas unhas con máis sabia nova que outras, nos empapen ca sombra do seu do facer.






.fotos: La Voz Galicia

xoves, 22 de decembro de 2011

A.C. LUMIEIRA PRESENTA: "FOLLAS DE CARBALLO"

A Agrupación Cultural Lumieira de Carballo, presenta o libro colectivo de autores de Carballo "FOLLAS DE CARBALLO".

O acto será o xoves 29 de decembro de 2011.ás 20:30 horas no PAZO DA CULTURA .

Un bó agasallo para estas festas.

OS AUTORES:
FERNADO CABEZA QUILES.
HENRIQUE MARIÑO.
FARRUCO GRAÑA.
IGNACIO SILVA.
XURXO BORRAZAS.
XURXO CHAPELA.
ROSALIA FERNADEZ RIAL.

ILUSTRADO POR:
ALBERTO VARELA FERREIRO.


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mércores, 21 de decembro de 2011

Rajoy, el gallego con “cara de póquer” Por Henrique Mariño

21 dic 2011, Apaga y vámonos: la culpa de que Rajoy no haya mostrado todavía sus cartas la tiene haber nacido en Pontevedra. Eso no quita que puedas venir al mundo en León y sostener que la crisis no es tal sino recesión, pero esa es otra historia. Más aburrida, claro, porque no transcurre en un terruño olvidado, pasto de meigas, donde la gente, como no tiene otra cosa que hacer, se pasa todo el día subida a una escalera esperando a que pase un mostoleño para apostarle una mariscada –tirada de precio, como la farlopa– si adivina qué está haciendo: ¿subiendo o bajando?

El hallazgo ha sido revelado por un periodista con oficio, Paddy Woodworth, en un perfil del a la tercera presidente publicado en The Irish Times, donde repasa la trayectoria del gallego. Condición –la misma que la de Franco y Fraga, recuerda– que sostiene la pieza, donde Rajoy es rebautizado como “cara de póquer”. En realidad, nos pasa a todos cuando salimos de casa, que nos aferramos a los tópicos porque siempre funcionan y así en el pueblo lo entiende hasta el mono del quiosco. Lo sabe bien la peyorativa Rosa Díez, ahora liada haciendo panda en el Congreso, a quien le bastó una carrera hasta los estudios de CNN+ para atiborrarse de lugares comunes.

Como estamos en campaña y hay que ir montando el árbol, no me extiendo y les dejo el artículo del rotativo irlandés, aunque GC se ha tomado la molestia de traducir parte del texto a esa lengua periférica y tullida que, si tomó nota de su padrino político, tan bien conocerá nuestro presidente (lo de nuestro lo digo por lo de gallego). En realidad, Irlanda llega tarde, pues ya lo había descubierto antes España, o sea, Aznar: “Tiene una gran experiencia y una muy buena capacidad de resolución. Lo que pasa es que tiene su personalidad, su estilo, su modo de ver las cosas, su modo de actuar, su origen gallego y su [risas] oficio de gallego”. De haberlo sabido, si yo soy Rajoy me reencarno en Ourense y me meto a afilador y paragüero.

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